No me gustó el final
Últimamente me cuesta mucho ponerme a verme una serie, al menos, de las que no han sido terminadas o canceladas, las que digamos que entran en esa necesidad actual de que tienes que verla ya para formar parte del movimiento, de la comunidad, de la moda, de la conversación, que puedas comentarla con alguien y que cuando les estás contando a tus amistades tu nueva fijación no bailen entre dejarte hablar hasta que quedes con la satisfacción suficiente para que sea su turno de hablar o soltarte un “ah, vale, no me cuentes más que la añado a mis pendientes” y la conversación quede pausada para que con suerte unos meses o años más tarde, en esta vorágine de exceso de contenido que es el mundo del contenido actual, se alineen los astros, y se pueda retomar para ahora si, compartir los memes que fuera de contexto igual no eran tan graciosos.
Pero en lo que vamos de año, he terminado 3 series al mismo tiempo que han terminado para el resto del mundo y que encima estaba disfrutando un montón y que con sus más o sus menos, entrarían sin problemas en mi listado de series que hay que ver, aunque cada una sea su propia cosa.
Sin entrar en destripes porque no es en lo que me quiero centrar, esas series son, el manga de Chainsaw Man, la serie adaptada de los cómics de The Boys y recientemente, la serie de animación independiente del Asombroso Circo Digital. Pero, cuando yo, persona que ha quedado satisfecha con sus cierres, saltó a ese fango unas capas por encima de lo que sea que se haya convertido Twitter actualmente llamado Reddit, todo son críticas negativas a sus finales. En los 3 casos, reina el descontento y las pocas voces que intentan hacer una crítica medianamente interesante son ahogadas en memes dando las gracias a Chainsaw Man porque es lo que Clara hubiese querido.
Y entonces me he puesto a pensar, primero en todos los finales que la gente ha odiado hasta el hartazgo, desde cosas repentinas por su cancelación a otras que simplemente no gustaron como fue su cierre, desde titanes atacando hasta gente que conoció a sus madres. Y esto me llevó a este artículo y pensar en sobre como gestionamos de forma general los finales y como en este universo cada vez más expandido de contenido donde el espacio ha superado con creces al tiempo, ya no podemos permitirnos disfrutar de un final.
De primeras, no me gustaría empezar a señalar culpando a la gente, caracterizandolos como una amalgama de ignorantes que se apilan hasta fundirse en una masa viscosa para engrandecer mis comentarios y ponerme en un pedestal donde yo tengo razón y el resto se equivoca. No, no, para eso ya tenemos a los influencers.
Lo que quería escribir es como que simplemente, puede que ya no sepamos dejar ir algo, no le podemos dar un cierre, o al menos, dárselo con una sonrisa en lugar de con rabia o sorna. Y no querría ir directo a lo obvio sobre que la culpa es del capitalismo porque esto resumiría cualquier artículo de opinión de la historia por lo que veamos las consecuencias que nuestro querido amigo fabricante de bunkers y apocalipsis ha causado a nuestra percepción.
Llega una serie, la serie triunfará o fracasará y sus beneficos decidirán si ha de durar más para exprimirla al máximo o cerrarla abruptamente, en ambos escenarios, la idea original que pudiese tener su final (de estar pensado de antemano claro) va a tener que cambiar y es muy posible que afecte a la calidad del mismo. Entonces, ignoramos la serie cancelada porque para que vamos ver una serie que quedó inconclusa y nos ponemos con la que sí ha triunfado.
Y ahí es donde podemos relajarnos en una zona de confort, estamos con esa serie que nos gusta, esa serie donde no tenemos que ponernos a nadar en ese océano pues estamos demasiado agotados por la jornada laboral como para perder el tiempo en buscar en lugar de consumir, de cocinar en vez de comer. Y como el negocio actual es la retención de atención pues esta cada vez necesita más energías de la misma forma que la inteligencia artificial en crear algo que sea remotamente útil, el final es lo último que se busca conseguir. No quieren que algo se termine, tal es el temor que algo realmente finalice del todo, que se popularizaron las escenas post-créditos para que no te de ni tiempo en pensar en que terminó la película que acabas de ver, lo importante es ya lo que está por venir, y una vez más, nos hemos acostumbrado a ello.
“Uy, se viene este villano de Marvel que tantas ganas tenemos de ver”, “Por fin para la tercera película de Mario tendremos a la princesa favorita del pueblo”, “Esta escena que bien podría haber sido el cierre de la película, lo mejor es que la dejemos para después de que terminen los créditos”.
Y acostumbrados a que siempre haya más, ¿Qué ocurre cuando al llegar al final, ocurre lo impensable y simplemente, finaliza? No puede terminar aquí, aún quedan tramas abiertas, agujeros que cubrir, resquicios de la trama que aunque se intuya deben explicarse completamente, necesitamos más vivencias del pasado del personaje para comprenderlo en su totalidad. Necesitamos que al terminar algo, hayamos desbloqueado el 100% del contenido cual videojuego de 75 horas y con algún avance de lo siguiente que esté por venir, sea del propio mundo o de sus propios creadores pues de lo contrario, será insatisfactorio.
¿Esto significa que no existan los finales malos y esté intentando defender lo indefendible? Claro que no, si bien en muchos casos que un final sea malo o no es causa de nuestros gustos y expectativas pueden existir malos finales, pero haciendo el ejercicio mental que hice al inicio de este artículo, sigo sin ser capaz de pensar en un final que me haya disgustado por si mismo ultimamente. En mi incapacidad de separar la obra del autor, en el final de Chainsaw Man veo un cierre que tenía que llegar cuanto antes, la trama ya no podía escalar más y el autor estaba desgastándose hasta niveles preocupantes pues su nivel de dibujo estaba decayendo y cada vez que releo los primeros tomos con los actuales me era cada vez más evidente que igual Fujimoto no quería terminar la obra del pibe motosierra, pero era necesario que esta se terminase, veo el final como un alivio, un privilegio que otros como Los Simpsons o One Piece jamás podrán disfrutar (el día que estos acaben, veremos que se opinan de sus finales, ya os adelanto que nada bonito).
¿Y cómo terminar The Boys, una trama que satirizaba los Estados Unidos hasta el ridículo en unos tiempos donde dichos Estados Fallidos han logrado alcanzar tal nivel lamentable que ninguna sátira será suficiente? Una serie que criticando el capitalismo fue brutalmente devorada por la misma y se alargó unas cuantas temporadas más y cuando pedía un cierre, su eterno no-final fue concebido en forma de dos series derivadas, una ya cancelada y otra por estrenar. Y cuando los derivados fallen, siempre podemos contar la misma historia de nuevo, sea con nueva reinterpretación (pero no demasiada) o calcando pero esta vez haciendo que la animación sea substituida por actores reales y unos efectos especiales ultraprocesados regurgitados por la inteligencia artificial más puntera del mercado.
Esto hace que en realidad, no haya finales, si vamos a ver de nuevo al niño mago de la transfóbica suprema teniendo las mismas aventuras ya vistas en libros y en películas, ¿Realmente podemos decir que hayamos terminado con el niño mago? Yo diría que no, porque cada vez, tenemos menos facultades en el dejar ir. Y al igual que con todo en este tornado de estímulos donde el tiempo libre se ha convertido en nuestro segundo o tercero trabajo, ya no podemos sentarnos y simplemente poner una pausa, porque necesitamos estar en constante movimiento, y si paramos una sola vez, a mirar ese muro donde no hay nada, porque cuando algo acaba, debería terminarse, quizás descubramos que puede que no haya un solo final que nos vaya a gustar. Porque mirar al infinito donde las cosas han terminado nos recuerda que todo tiene un final y eso nos incluye.
Quizá el hecho de que nos gusten los finales sea ir en contra de nuestra naturaleza. Como nos va a gustar el “Tu fui”, si ya no podemos pararnos a reflexionar sobre el inevitable “Ego eris”.